Para tener las pruebas suficientes y capturar a un asesino a sueldo, tal y como suele suceder, se ubicó un micrófono espía en un confesionario al que concurría, por su sana costumbre de agradecer los favores recibidos. Fue un gran trabajo de inteligencia. A pesar de todo, él no fue el único confesado, también se grabaron voces inocentes como esta que se transcribe a continuación; llama la atención el tono del pecador:
La fe embellece el conocimiento y la duda, la fe cuestiona porque suponemos una esencia, pero por qué ritualizarla; no tiene sacralidad alguna, ni se deben cerrar los ojos para sentirla, por el contrario hay que ser un vivo completo, bien despierto y entusiasmado. Los actos de fe son eventos cotidianos a veces hasta inertes o automáticos, ocurren sin más ni qué: cuando nos aseguramos de que tomaremos la ruta de buses correcta, cuando pedimos rebaja, cuando dudamos de que alguien nos quiere ayudar, cuando montamos tropel porque miran feo. Todos estos actos incurren en la duda: principio básico de fe. Lo invito a dudar, padrecito, para que no le pase la del cuervo, que lo hicieron creer buen cantante y se quedó sin alimento. ¡Dude! Hasta de sí mismo, y si no míreme, quién soy ahora; mi belleza concluye donde inicio mi conversación. Padrecito, no se duerma, escuche que le hablo, le cuento mi fe y usted cierra los ojos. En el nombre del padre… no, padrecito, no he terminado, déjeme continuar: mi pecado es la fe ¿Cómo así, mijo? Oiga que cuando hablo la gente me rotula de ateo, pero doy amor todo el tiempo, se los explico, entonces me llaman loco que porque los quiero destruir, gesticulan ralentizando la voz y me lo dicen: ay, no, usted está loco. ¿Mijo, usted está loco? Por supuesto que no, sin embargo, me arrodillo ante su perfil sentado, dizque para quedar a la altura de su oreja, pero mi voz pecadora parece dormirlo. Padrecito, escúcheme, sé que usted me cree; los locos no tienen fe, y ya sabe usted cuál es mi pecado ¿cómo así, mijo? Récese un… Padrecito, no he terminado: me dicen ateo porque digo que Dios no es extraterrestre, sino subterráneo, habita bajo la corteza de la tierra, y que no hay ningún cielo de vida eterna ni nada relacionado, arriba sólo hay nubes para los despistados, él habita bajo nosotros; incluso me llamaron satanista, pero les repetía: sólo doy amor. Ay, mijo, récese un… padrecito, sé que son las seis y diez de la mañana, que hace poco se levantó (que usted está como viejo y ni se habrá bañado) pero escúcheme: hoy es 31 de octubre, por eso visto de diablo ¡es un disfraz! No se vaya a asustar, ah, usted está dormido, ni me ha visto la diadema de cachitos rojos… bueno, también tengo una colita pegada detrás, un tridentico rojo y un antifaz, pero sabe qué, quédese dormido que yo me desquito; sabe qué: me aburrí de que me digan Chucho, padrecito; ayer, hablando de Dios, alguien me dijo que no fuera tan chucha, me sentí reconfortado, entonces le abandoné alegre y caminé convertido, hasta que tropecé con una anciana, yo había escuchado un grito de Chucho, cuidado, pero no acaté; ella cayó y se dolió. Como ser renovado en la fe, abandoné el lugar sin más ni qué, ante la mirada desconcertada de los transeúntes; uno alcanzó a gritarme no sea tan hi… de… uta, el resto le hizo coro; había entendido mi sino, mi inexorable hado, entonces corrí anunciando el amor… pero por lo visto, padrecito, a usted no le importa, poco le interesa escuchar a este ser renovado en la fe, la Chucha, el Putas disfrazado de diablito, me va a tocar buscar el perdón dentro de mí… siga dormido que la fila que hay es larga, hasta luego, padrecito… ¡mijo! ¡Padrenuestros y reflexione!
ANEXO: Reproducimos lo diagramas que dejó abandonados este hombre cuando salió del confesionario:
ANEXO: Reproducimos lo diagramas que dejó abandonados este hombre cuando salió del confesionario:
